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No quiero morir



Pero hombre Javier, ¿Cómo se te ocurre hablar de la muerte en un blog que lo que quiere es prepararnos para el futuro? 

Amén de que todos nos vamos a morir – y que hay que tener siempre presente – esta vez vamos a ver en  qué quedan afectadas las personas que han vivido una circunstancia ECM (Experiencia Cercana a la Muerte).  Tal vez esa experiencia en cabeza ajena nos sirva para enfocarnos en lo realmente importante. 

El otro dia, en un programa de radio de Onda Cero del que al final del post os adjunto el enlace, se hablaba de la ECM. Vale la pena escuchar la conversación. Son veinte minutos muy interesantes y con diferentes puntos de vista. 

Me encantó escuchar los cambios de actitud frente a la vida que se producen en las personas que han pasado por una muerte teórica (ECM) y que han vuelto a la vida.  Esa experiencia les ha servido para darle otro sentido a su vida a partir de ese momento, les ha producido un cambio en su perfil psicológico que les lleva entre otros a los siguientes cambios: 

1.- Se vuelven menos materialistas, más espirituales (no necesariamente en el sentido religioso).  

2.- Aumento de la empatía por los demás. 

3.- Incremento de las relaciones personales y familiares. 

4.- Conciencia ecológica. 

5.- Empiezan a vivir coincidencias imposibles. Esas que no se pueden dar, pero ocurren. 

Me gustan estas cinco cosas,  así que yo - que no tengo especiales ganas de vivir una ECM - sí que me apunto a estos cambios.  Tendré que trabajar para conseguirlos. 




No, nada.

Llevo varios días de actividad continua. Una locura que me era necesaria  parar. O reviento. 

Así que tumbado en mi sofá, en una posición extraña, únicamente estoy cumpliendo con mi tarea de escribir el post semanal para este blog.

Durante la semana he tenido cenas de empresa, de amigos, bodas, reuniones de trabajo, propuestas de negocios de todos los colores, deporte, en fin, un cúmulo  cosas que me han obligado a dedicar el día del Domingo a…no hacer nada, salvo este escrito.

Cuando digo nada, es nada. No me he quitado el pijama, no me he afeitado, he estado tumbado todo el dia a la bartola, sin dar palo al agua. ¿Cocinamos algo? No. ¿Vamos a dar una vuelta? No. ¿Hacemos la cama? No. ¿Paseamos con la perra?  No ¿Te duchas? No. ¿No te afeitas? No.  ¿Has llamado,…? No  ¿Revisamos las cuentas? No. ¿Quedamos con…? No.  

Nada es nada. Recargando pilas. Pasando por el cero absoluto. Incluso del reloj. ¿Sueño? Dormir.  ¿Cansado? Siesta de dos horas y media. ¿Aburrido?  Hasta morir. ¿Pensar? Tarea prohibida. Me habla la planta que tengo en la terraza y ni le contesto.  Solo siento el grito de las tareas mínimas de mantenimiento. Me pongo en posición vertical únicamente para beber (agua), comer de los restos de la nevera, y responder a las necesidades puramente básicas del cuerpo. ¿La mente? No existe, en blanco. ¿Y el móvil? No sé dónde está.  

Reconozco que estas maravillosas 24 horas son reparadoras para cuando llegue el Lunes y vuelva al trajín diario. Estaré fresco, con ganas, con ilusión y seguro de que todo irá bien. Si no es así ya lo resolveré, pero mañana. Hoy no. Ni aunque tuviera ganas, que no las tengo.


Pip, pip, pip,…, estoy apagado o fuera de cobertura en este momento. 

¡Hoy no escribo!


Tengo la mente en blanco. No sé si es que se me han acabado las ideas para escribir, si es que  hoy no tengo ganas. Esta situación me da miedo porque no sé si durará días, semanas o meses. Cuantas más vueltas le doy, menos ideas me vienen a la cabeza.

Además estoy vago. No quiero escribir. ¿Será que he agotado todos los temas posibles? Me recrimino no haber tomado notas cuando me viene el flash inspirador. Tendré que volver a poner la libreta de notas en la cartera. ¿Será que no presto suficiente atención a lo que me rodea? Pues entonces abriré los oídos a lo que se dice en cualquier conversación nimia.  ¿Y si no oigo nada interesante? Pues tendré que preguntar.

No sé exactamente qué les gustaría ver reflejado aquí a quienes me leen. Tal vez debería hacer una encuesta. Si tengo la suerte de que me respondan, entonces tal vez podría seguir escribiendo sobre temas interesantes.

Aprovecharé que no estoy inspirado y me iré a dar una vuelta por alguna librería. Es posible que un libro desconocido, inesperado, me ayude. 

Espero que no sea la responsabilidad que lleva el haber pasado de las 10000 visitas.  Con tantas supongo que los lectores esperan más y mejor y me da miedo el no saber si puedo cumplir las expectativas. Pensaré en cuáles son las mías sobre este blog. Pelearé contra el miedo.

¿Qué hacer cuando se está en esta situación, espero que transitoria, de bloqueo mental? Espero que tú me ayudes. Sólo así podré escribir de nuevo. De momento, hoy no escribo. Esperaré tiempos mejores.

No es mi problema


Claro, si no es tu problema, ¡la solución la ves fácil!

El pintor, tras meditar un largo rato dejó sus pinceles, volvió a mirar el lienzo sobre el que estaba trabajando y decidió salir de su estudio. No era el momento. Paseó, conversó con unos amigos, comió en el bar de enfrente de su casa, acabó de leer  el libro que siempre llevaba en su cartera y volvió a enfrentarse al lienzo.  Ahora sí, se dio cuenta de por dónde iba a continuar su trabajo.

¿Cómo podríamos comparar lo que hizo el pintor  con lo que nosotros hacemos cuando tenemos un problema? Normalmente nos obsesionamos, cerramos el punto de mira y nos centramos en esa situación. Nos enfocamos. Y normalmente, quedamos bloqueados. Por tanto, volvemos otra vez a empezar el círculo pero con un poco más de profundidad. Obsesión, cierre del punto de mira, concentración y …, decepción.  Así hasta caer muy abajo. Resulta que en la misma búsqueda de solución está el problema.
Tal vez reenfocarlo, cambiar la posición, verlo desde fuera, o incluso desconectar de él temporalmente, nos sirva.
¿Qué ocurriría si  pensara  en un problema mío como si no me atañera? ¿Cómo consigo darle un tiempo de reposo a una situación complicada? ¿Cuándo me hubiera venido bien actuar así? 

Espera en acción


Cogió su escopeta y salió a cazar. A la vuelta, tras pasar todo el en el campo, los zurrones estaban vacíos. Su mujer le preguntó: 
-¿Cómo es que sonríes si no has traído nada? 
- He revisado las  trampas  y colocado algunas más – respondió el marido – y los animales aún no han pasado por allí. No tardan más de tres días en recorrer todo su terreno para comer. ¡Mañana seguro que cae algo!


Cuando queremos que ocurra algo podemos esperar o esperanzar. Distingamos ambos conceptos.  Esperanzar supone que tenemos ilusión porque  algo suceda pero nada de lo que pueda acontecer depende de nosotros y además puede pasar o no. Confiamos en un golpe de suerte que nos lleve a conseguir nuestro objetivo. Sin embargo el  esperar supone que algo cierto va a ocurrir aunque no sepamos cuando.
“La respuesta subjetiva a espera, es que algo en el futuro será seguro que ocurra, por lo tanto esa emoción te orienta para prepararte para el futuro y para trabajar en su dirección. Por el contrario, la naturaleza incierta de la esperanza, te deja inseguro sobre lo que pueda ocurrir y por tanto dudoso de cómo actuar en relación al futuro” Salvador Carrión PNL
Se unen aquí varios conceptos que nos son muy útiles: Conocimiento, ilusión, acción, confianza. Estos consiguen que tus objetivos sean posibles.