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Ganar y perder



Hay situaciones insostenibles e  inexplicables pero que se dan. No quiero hacer esto,…, y lo hago. No lo volveré a hacer más,…, y lo repito. 

El caso  que me comentaron  ayer era muy  ejemplarizante. Una mujer a la que su jefe no para de cargarla de trabajo. Más que a ningún compañero de la oficina. Ella está saturada pero no se atreve a decirle que no.  Como es muy dispuesta le resuelve todos los asuntos así que cuanto más difícil sea el tema, más probabilidades tiene de que se lo adjudiquen a ella. 

El estrés le está llevando a tal situación que ha decidido aprender a decir que no. Está en manos de especialistas. Lo necesita o revienta. Pero aún no lo ha conseguido. 

Por supuesto, lo más importante es que ha detectado su problema y que lo está enfrentando. Es el primer paso. 

En la tertulia comentamos algunas posibilidades de este caso. Y entre ellas salió la de la balanza. Me explico. ¿Qué gano y qué pierdo haciendo lo que hago? Esta pregunta -  que en principio parece que hacérsela es de Perogrullo -  no suele aparecer.  Suelen salir otras como: ¿Por qué el jefe me está puteando? ¿Por qué mis compañeros son tan perros? 

Este tipo de pregunta tira el balón fuera de uno mismo y responsabiliza a los demás de la circunstancia. Por tanto, como la responsabilidad es del otro, yo no tengo que hacer nada y puedo seguir teniendo un motivo de queja  Que a fin de cuentas es lo que me gusta (aunque no lo reconozca,…, porque si doy pena, me hacen más caso y no me quedo solo… )

Esta última concatenación de ideas no es la única pero tomémoslo como ejemplo  de por donde pueden ir los tiros.  

Tan sólo quien es capaz de afrontar la respuesta a la pregunta ¿qué gano y que pierdo actuando así?  con valentía, sin prejuicios ni miedos, con profundidad, asume su responsabilidad, actúa y resuelve de manera positiva y consistente. Conseguirá salir del bucle.

La fuerza del grupo



Siempre ocurre algo sorprendente. Así es la vida cuando le prestas atención. O mejor dicho cuando te la tomas con intención.  El otro día me llamaron para reñirme.  Al principio no entendía nada pero aguanté bien el tirón. Luego me di cuenta de lo que estaba ocurriendo y me alegré mucho de ser el culpable colaborador necesario de lo que se me acusaba. 

Resulta que estoy trabajando con un grupo de personas que me pidieron que les ayudara a vender más. Hemos tenido tres o cuatro reuniones. Yo me lo he pasado muy bien pues en ellas me van hablando de sus actuaciones y de lo que necesitan para mejorar en sus objetivos.   Hasta aquí sin problemas.  

Pero me doy cuenta de que el trabajo realizado es bueno cuando uno de los directivos de la empresa con la que colabora este grupo me llama para insinuarme que hay ciertas decisiones en las que ese grupo no debe de participar. Vamos , que  deje de animarles a tener voz propia y que tan sólo les enseñe a vender.  

Por supuesto, además de sorprendido, me sentí orgulloso, complacido y enfadado. Porque ese directivo que me llamó quería que todo fuese mejor… pero dejando todo como estaba. Y eso es imposible. Esa necesidad del directivo de volver al estatus anterior me indicó que de verdad quien estaba bloqueando el posible aumento de las ventas era él. Por su comodidad. Todo conocido para tenerlo todo controlado. 

Pero este grupo está aprendiendo que todos juntos forman un uno con personalidad propia, con fuerza y con valores.  Este grupo está aprendiendo a reivindicar para mejorar. Está apretando a su empresa para que esta funcione mejor.

Lo que no sabe ese directivo es que este grupo no tiene marcha atrás. O renace o se deshace. Porque han saboreado el gozo de la unidad, del apoyo entre sus miembros, del potencial que les da ser grupo.  Y ahora tendrá que ser la empresa quien decida. O la comodidad de un directivo – y el grupo se deshace – o se atiende al grupo  y entonces el directivo tendrá que renovarse …o morir.  

Por eso animo a realizar actividades en grupos. En grupos con intención y con pasión. Porque crece el grupo y de paso crecemos cada una de las unidades que formamos ese grupo. Y la espiral ascendente que se crea no es sumatoria sino exponencial. ¡Multiplica tus valores!

¡No quiero trabajar!



Me sigue sorprendiendo con demasiada frecuencia. Os cuento. 

Por mi trabajo tengo bastante relación con el mundo empresarial. De vez en cuando me preguntan si conozco a alguien para ocupar un puesto de trabajo. Tengo consultas de toda índole pues quienes me conocen saben me gusta ayudar en esa búsqueda. En bastantes ocasiones consigo llevar a buen puerto esa solicitud. He hecho de esto una afición. No me molesta en absoluto porque siento que he podido echar una mano a alguien que lo necesita. Y también me ha servido a mí. 

De ahí que pasen por mis manos algunos curriculum. Los leo con atención e interés para ver si se ajustan a lo que solicita la empresa contratante. Es entonces cuando me tiro las manos a la cabeza. 

¿¡Cómo es posible enviar un curriculum así!? Los hay que describen su carrera profesional en un cuarto de folio, o en 15 folios, o sin revisar la ortografía, o sin cuidar la imagen del texto, o que repiten el mismo curriculum sea para el puesto de trabajo que sea aunque no tenga nada que ver con el puesto a desarrollar, o que te cuentan su vida desde los diez años, o que escriben una biografía resumida, o que cuentan las cosas sin ningún tipo de coherencia, o que ponen una foto que tira para atrás (en España se suele poner foto)... en fin, me ponen delante unos curriculum que dan ganas de darle una paliza a quien los presenta.  

Si se admite que uno de los primeros pasos para conseguir un puesto de trabajo es este documento, no entiendo cómo hay quien no han perdido ni una décima de segundo en averiguar cómo se redacta. ¡Con la cantidad de información que hay en internet sobre este asunto! 

En más de una ocasión se me quitan las ganas de colaborar con esa persona que busca trabajo. Porque está claro que aunque  digan que están locos por trabajar, su interés en dar los pasos previos para ello es cero.  Es como si a través de su curriculum dijeran: ¡No quiero encontrar trabajo!

Otro día os comentaré con lo que ocurre en ese proceso de selección o cuando alguien consigue ese puesto de trabajo. Porque también los hay que es para darles de  comer aparte.

Impresionado

Me he quedado impresionado. Impresionado por lo impreso. Os cuento. 

Imaginemos por un momento que tenemos en casa un electrodoméstico – digamos que del tamaño de una lavadora – que va a tener un uso revolucionario dentro del hogar.

Si ese electrodoméstico fuera capaz de construir o generar cualquier útil, artefacto, elemento o cosa que podamos necesitar, entonces resultaría que muchos de los parámetros con los que nos movemos en la actualidad van a cambiar. Radicalmente.   

Vayamos a un caso simple. Necesito una taza. Me voy a mi nuevo electrodoméstico, le indico que me fabrique una taza y al cabo de un rato, allí la tengo.  Perfecta, como yo quiero. Con las características que le pida. O una mesa, o un cubierto o un elemento de decoración.

Pues esto ya existe. Se llama impresora 3 D. He tenido la suerte de poder verla en funcionamiento. Es espectacular. En este caso se utilizaba para la realización de prototipos de ingeniería. Su resultado es sorprendente y eficaz.  

Os dejo aquí un videopara que veas un modelo muy básico de impresora 3 D. Fijaos bien en su funcionamiento. Yo pensaba – por supuesto equivocadamente – que estas impresoras lo que hacían era modelar una pieza. Pero no. Lo que hacen es construir. Que es muy distinto.

Y una vez visto esto, aquí os dejo un simpático video sobre posibles utilidades caseras. Empieza el espectáculo.

Para finalizar y por si quedara alguna duda, os dejo otro video de aplicaciones más “modernas” que nos dan idea de por dónde van los tiros.

Veréis que los usos son múltiples. Y espectaculares. De ahí mi impresión.

Todo esto me lleva a preguntarme muchas cosas. Por supuesto, la primera sería si esto tiene futuro. Es decir si la impresora 3 D va a llegar a los hogares. De ser así, ¿hasta dónde nos va a cambiar? ¿Cómo van a cambiar los modelos de desarrollo? ¿Esto mejorará o empeorará nuestra calidad de vida? ¿Cómo afecta directamente esto a las personas? ¿Podríamos llamar a esto la era del 3D

En fin, que me quedo dándole vueltas porque contestar bien y prepararme para esto es la mejor manera de afrontar el futuro.   
  
Y para que no todo sea tecnología, os dejo un enlace a un post anterior en el que hablaba de posibles trabajos que seguirán vigentes a pesar de la irrupción del 3D.

Incompetencia

Por diversos avatares que seguramente os contaré en otro momento, me acordé de uno de los libros que más me impactaron en su momento “El principio de Peter”. Nunca me he olvidado de el y suelo tenerlo muy en cuenta. Es un manual perfecto para el estudio de la incompetencia. Es de los años 70

Al comentarlo recientemente con algún compañero de trabajo me sorprendió que no lo conociera.  Bien pensado, es lógico puesto que uno ya tiene una edad y tengo la suerte de relacionarme con personas que pertenecen a una o varias generaciones posteriores a la mía.  Perdón, que me disperso,…

En este libro se desarrollan básicamente dos principios descritos por su autor  Laurence J. Peter 

a.    Con el tiempo, todo puesto tiende a ser ocupado por un empleado que es incompetente para desempeñar sus obligaciones.
b.   El trabajo es realizado por aquellos empleados que no han alcanzado todavía su nivel de incompetencia.

Documentándome un poco hoy he descubierto que  José Ortega y Gasset en 1910 ( o alrededores) dio forma al siguiente aforismo: "Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes". Genial.

En efecto, su discurso está cargado de razones. Como en este blog tratamos de preparar el futuro, os invito a que echéis una lectura crítica al Principio de Peter. Nos daría juego para muchas conversaciones. Porque, entre otras cosas, da directo a la línea de flotación del buenismo del “si quieres puedes”. Y nos hace entender muchas situaciones que se dan tanto en el trabajo como en la vida cotidiana en las que las decisiones equivocadas se suceden y solapan hasta límites insospechados.   

Con este libro nos divertiremos porque el autor tuvo la osadía de escribirlo con humor fino y además, nos hará ponernos ojo avizor frente a la cantidad de incompetentes que hay por ahí. Mejor aún tal vez nos descubra nuestras situaciones de incompetencia, lo que no está mal, y nos sirva como primer paso para la mejora.

Ah, os dejo un enlace para quien quiera leerlo:

Repitiendo errores

Tendemos a acumular cosas. Y también sentimientos. Esto nos afecta. 

Permitidme que os cuente una situación que ocurrió en una empresa en la que trabajé. Puede ilustrar muy bien el asunto de hoy.

Al poco de estar allí hubo un incidente con el suministro de un material. De inmediato mis compañeros de comercial y logística (departamentos que yo dirigía) se empezaron a quejar de los grandes errores continuos que se producían en fábrica. Lógicamente me asuste y me ocupé de aquello.  

Al cabo de un tiempo, volvió a suceder otro incidente. De nuevo, tal vez con más fuerza, arreciaron las críticas a los otros. Otra vez echaron en cara la cantidad de fallos que sucedían. El ambiente entre departamentos se hizo irrespirable. 

Esta vez, paré. Decidí confirmar ciertos aspectos.  Fue sorprendente.

Verifiqué que el error anterior había sucedido hacía tres meses.  Que sacábamos por la puerta de fábrica cientos de artículos diariamente. Por tanto, el índice de errores era mínimo, casi cero absoluto. Eso sí, cada vez que sucedía algo, mis compañeros acumulaban en el relato todos los errores anteriores,…, que habían sucedido hasta diez años atrás.

Pero esto no era cosa sólo de quienes trabajaban conmigo. También mis jefes hacían lo mismo. Ante un error, acumular recriminaciones. Imaginad el ambiente tan tenso que se creaba.

Me costó mucho trabajo y muchas conversaciones convencer tanto a los de arriba como a los de debajo de que aquello no tenía sentido alguno y que enturbiaba el ambiente e incluso las relaciones personales.

Finalmente decidí que me lo dieran por escrito. Ahí se acabó el problema. No fueron capaces (ni los de arriba ni los de abajo) de demostrar que nuestra fábrica funcionaba mal.

Eso sí les quité la satisfacción de lanzar bulos  y falsas acusaciones. Ese deporte nacional tan arraigado en nuestras costumbres. No sé por qué a más de uno aquello le hacía feliz. 

Pues lo mismo nos pasa en las relaciones personales. Somos capaces de acumular porquería aunque nos tengamos que cargar todo los que nos rodea y nos sustenta.  ¿Pero cómo somos tan burros?

¡Te denuncio!

“Tú te lo has buscado. ¡A juicio! Tengo razón, nos vemos en los juzgados. Te voy a poner una demanda que te va a arruinar la vida…”  Estas palabras duras suelen traer unas consecuencias  inesperadas. Amén del tiempo, cuestan un dineral. De hecho, hay una frase que se suele decir a los enemigos “Juicios tengas, aunque los ganes”. Porque no olvidemos que la justicia es legal pero no es necesariamente justa. 

Os preguntaréis que qué  tiene esto que ver con este blog. Un poquito de paciencia y os lo cuento.

Tuve la suerte (como siempre) de asistir a una conferencia de ASNIE (Asociación Nacional de Inteligencia Emocional) en Valencia, impartida por Anna Vall, abogada y mediadora, con  el título: “Inteligencia emocional y gestión positiva del conflicto: mediación”.  

Disfruté con el derroche de emoción, energía y practicidad de la conferenciante. Destacaría dos cosas que nos pueden interesar. Por una parte, nos explicó que el conflicto es inherente al género humano, y que lo que lo mueve, principalmente es la emoción y que si somos capaces de gestionar bien las emociones de las personas en conflicto, éste es resoluble. Esta conclusión parece fácil, pero no lo es en absoluto. Cuando nos enrocamos en nuestras decisiones, es muy difícil que veamos alternativas distintas a las nuestras. La invitación de Anna fue para que abramos la mente y admitamos la posibilidad del otro. O por lo menos que le escuchemos. A poco que pongamos un poco de intención, se puede producir un cambio en la situación que beneficia a todas las partes.  Vale la pena tener esto en cuenta. Os adjunto un link en el que se desarrolla con más profundidad lo tratado en la conferencia.  http://www.asnie.org/inteligencia-emocional-y-gestion-positiva-del-conflicto-mediacion/

¿Y la otra parte a destacar? Pues que la mediación tiene método y está reglada. Es decir, que se puede aprender cómo realizarla y además se puede ejercer como mediador pues, por lo menos en España, ya se ha legislado, desde el año 2014, para poder ser mediador “oficial”.

Por tanto, tenemos que la “segunda profesión más antigua del mundo” ya se puede ejercer legalmente en España. La gestión del conflicto. En otros países ya se trabaja este campo desde hace muchos años. Aquí no existe tradición de esto. Por lo menos no mucha.  Preferimos  antes un juicio que un buen acuerdo. Ójala esto cambie. Así que aún queda bastante camino para que esto madure. Pero,…, más vale prepararse ahora que esperar a que esté en su punto más álgido. Os invito a que pinchéis aquí para recordar la entrada: Trabajo para todos. Añadamos la mediación  a la lista de posibilidades. 

Como esto está muy relacionado con el coaching, métodos, inteligencia emocional, etc, creo que voy a dedicarle un tiempo a estudiar esto. Creo que lo disfrutaré,…, si encuentro un buen curso por aquí por mi tierra.  

Ah, os adjunto más abajo un video ilustrativo sobre cómo funciona la mediación.  Casi se matan entre dos hermanos y poco a poco van encontrando un punto de acuerdo.  Es lo que se consigue cuando alguien es capaz de gestionar un espacio para hablar.

Gracias ASNIE, gracias Anna, un nuevo éxito de esta maravillosa asociación. 


El conferenciante seductor

Fernando Pena
Psicólogo
Asistir a una buena conferencia es el mejor regalo que te puedes hacer. He tenido la suerte de asistir a la impartida por Fernando Pena, a través de la asociación ASNIE (Asociación nacional de inteligencia emocional) en el incomparable marco del Ateneo Mercantil de Valencia.

¡Vaya lujazo! Bajo el título “Cómo seducir a tu cliente”, Fernando Pena,…, nos sedujo a todos. Nos regaló hora y media de charla con una profesionalidad rayana en la perfección. Inteligente, simpático, seductor y actor, nos vendió en primera persona las actitudes y aptitudes que debe tener siempre un buen comercial. Por supuesto, le compramos. 

Su conocimiento técnico del asunto – qué hacer para ser un buen vendedor – es impresionante. Desarrolló con precisión la aplicación de las nuevas técnicas psicológicas y neurocientíficas en este campo. Por supuesto, hizo especial hincapié en la utilización de la inteligencia emocional y nos invitó y animó a poner todo esto en práctica.

Siempre he pensado que la actividad comercial requiere de una actitud especial frente a las situaciones y la vida. Quien vende, sabe que el fracaso siempre está presente. No conozco a ningún vendedor que venda siempre. Es más, en nuestro mundillo – yo también pertenezco a el – sabemos que quien obtiene resultados en dos de cada diez gestiones, es un fuera de serie. Esto quiere decir que o gestionas correctamente 8 sobre diez fracasos, o estás muerto.
Pues Fernando nos ofreció claves para alcanzar éxitos más frecuentes. Habló de la actitud vital necesaria del comercial: Actitud positiva, habilidad de comunicación, autocontrol, proactividad, flexibilidad, persistencia,…, todo ello pintado y escenificado con ejemplos reales que no se borran, que se guardan en la mochila para utilizarlos en cualquier momento de nuestro viaje.

Me encantó, y ya lo he utilizado, la explicación de que el mundo no es positivo ni negativo. ¡Es neutro! Y todo depende de cómo lo afrontes. Y por supuesto frente a cualquier situación que en principio nos pueda parecer negativa, deberemos añadirle la frase “...Pero afortundamente,…” porque detrás de cada una de ellas siempre hay una oportunidad. Es divertido, imaginativo y …positivo.

Sería prolijo resumir todas las claves que nos regaló. Pero me gustaría destacar que si bien me considero un experto en ventas – llevo en este sector muchos años – lo que me ofreció Fernando no fue tanto una multitud de cosas novedosas para mí (aunque sí que hubo más de una y de dos) sino la organización racional y científica de un montón de ideas que he aplicado de manera muy intuitiva. Aquí está el gran regalo que me hizo Fernando: confirmarme que no voy por mal camino y además, darme un método que me ayudará a vender tres en vez de dos.

¡Bravo Fernando, bravo una vez más ASNIE!


Pd.- Que nos se nos olvide que todos compramos y vendemos, en el trabajo, en nuestra actividad diaria. Quien diga que no, se engaña.