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No busques muy lejos



Hace un par de post, hablábamos sobre ganar y perder. ¿Qué me lleva a repetir acciones que me perjudican


Hoy quiero volver de nuevo a este asunto porque es algo recurrente. Sí, volver a hacer lo mismo se repite en muchos casos.  


La primera barrera que se encuentra es “Yo soy así y por tanto actúo de esa manera siempre”. De donde se deduce que va a ser imposible cambiar eso. Podemos tirar la toalla. Nos han ganado la partida. El muro es demasiado alto. 


Pero hay esperanza (casi siempre la hay). No es fácil el cambio pero cuando preguntas que dónde ha aprendido a actuar así, algo se mueve dentro de tu interlocutor.  Hay que insistir un poquito pero al final la pregunta entra. Y hace pensar. Te remueve por dentro.  Resulta que en muchas ocasiones lo que estamos haciendo  es repetir patrones aprendidos.  Actuamos  como lo hizo nuestro padre, nuestra madre, nuestra  familia,… Gritamos porque nos gritaron, reímos porque lo vimos hacer, lloramos o no porque hemos aprendido de ellos. 


Claro que lo que a ellos les sirvió, a nosotros nos está haciendo daño (por eso debemos cambiarlo) pero no sabemos cómo evitar el repetirlo.  Eso sí, si nos atrevemos a encontrar el  “patrón original”, y vemos que es una actitud aprendida, entonces activar el cambio  está más cercano. Porque nos hacemos consciente de que si aquello nos vino enseñado, entonces podemos aprender otras formas de actuar.  Difícil…pero posible. 


Pd.- Hay buenos psicólogos que te sabrán llevar perfectamente por este camino. Elígelo bien. (Si no sabes quién, yo te daré un nombre)

La fuerza del grupo



Siempre ocurre algo sorprendente. Así es la vida cuando le prestas atención. O mejor dicho cuando te la tomas con intención.  El otro día me llamaron para reñirme.  Al principio no entendía nada pero aguanté bien el tirón. Luego me di cuenta de lo que estaba ocurriendo y me alegré mucho de ser el culpable colaborador necesario de lo que se me acusaba. 

Resulta que estoy trabajando con un grupo de personas que me pidieron que les ayudara a vender más. Hemos tenido tres o cuatro reuniones. Yo me lo he pasado muy bien pues en ellas me van hablando de sus actuaciones y de lo que necesitan para mejorar en sus objetivos.   Hasta aquí sin problemas.  

Pero me doy cuenta de que el trabajo realizado es bueno cuando uno de los directivos de la empresa con la que colabora este grupo me llama para insinuarme que hay ciertas decisiones en las que ese grupo no debe de participar. Vamos , que  deje de animarles a tener voz propia y que tan sólo les enseñe a vender.  

Por supuesto, además de sorprendido, me sentí orgulloso, complacido y enfadado. Porque ese directivo que me llamó quería que todo fuese mejor… pero dejando todo como estaba. Y eso es imposible. Esa necesidad del directivo de volver al estatus anterior me indicó que de verdad quien estaba bloqueando el posible aumento de las ventas era él. Por su comodidad. Todo conocido para tenerlo todo controlado. 

Pero este grupo está aprendiendo que todos juntos forman un uno con personalidad propia, con fuerza y con valores.  Este grupo está aprendiendo a reivindicar para mejorar. Está apretando a su empresa para que esta funcione mejor.

Lo que no sabe ese directivo es que este grupo no tiene marcha atrás. O renace o se deshace. Porque han saboreado el gozo de la unidad, del apoyo entre sus miembros, del potencial que les da ser grupo.  Y ahora tendrá que ser la empresa quien decida. O la comodidad de un directivo – y el grupo se deshace – o se atiende al grupo  y entonces el directivo tendrá que renovarse …o morir.  

Por eso animo a realizar actividades en grupos. En grupos con intención y con pasión. Porque crece el grupo y de paso crecemos cada una de las unidades que formamos ese grupo. Y la espiral ascendente que se crea no es sumatoria sino exponencial. ¡Multiplica tus valores!

Para qué trabajarás 14 horas al dia




En coaching se trabaja mucho sobre esta situación: la dedicación absoluta al trabajo. Es más habitual de lo que parece.  Entiendo que hay miles de justificaciones pero no está de más tener presente estas, y alguna más que se te pueda ocurrir, por si acaso algún día tenemos que lidiar con esta situación. En esta ocasión daré un listado en el que tal vez nos podamos sentir reflejados. 

Añade tú alguna más y coméntala. Nos sirve a todos. Yo no doy una relación exhaustiva porque de hacerlo me tocaría estar catorce horas escribiendo este artículo y tengo otras cosas que hacer.


Trabajaras 14 horas diarias para: 


… acompañar a tu jefe mientras él está en el despacho. 


…no afrontar los problemas que puedes tener fuera del trabajo. 


…hacer el trabajo que, según tú, los demás no saben hacer.    


…disfrutar de tu único hobbie. 


…acabar lo que deberías haber hecho en ocho horas. 


…que los demás vean lo que trabajas.


…cubrir los fallos de organización de la empresa. 


…no tener que pensar en cambiar de trabajo. 


…resolver situaciones que la empresa debería afrontar pero que le va muy bien que resuelvas tú. 


…no tener que pensar en alternativas para aprovechar mejor tu tiempo. 


…sentirte explotado y poder contarlo. 


…hacer que tus subordinados también estén 14 horas.


…sacar adelante un proyecto que está abocado al fracaso. 


…sentir que la empresa es tuya.

...cumplir con el castigo bíblico de "ganarás el pan con el sudor de tu frente". 


…ser visible para alguien. 


…sentirte el rey en algún sitio. 


Seguro que hay muchos más. Te invito a que pienses en ello y si compartes  alguna de estas circunstancias y te disgustan te invito a que trabajes para evitarlas. ¿Me ayudes a seguir con este listado?

Deporte y coaching

Como sé que me habéis echado de menos esta semana - aunque no me lo digáis- os pido disculpas. Es que estaba ocupado con otra de mis aficiones. Entrenador de  frontenis (modalidad de pelota Vasca). Así que os dejo unas fotos para que veáis que no miento. La verdad es que aplicar los conocimientos del coaching al deporte da resultados espectaculares. Así lo hago con este deporte, y el resultado es doble: campeones de Europa en individual masculino y subcampeonas en dobles féminas. 

Es un pequeño lío, pero no es lo mismo ser coach (entrenador- mentor) deportivo que coach (acompañante) para el deporte. No obstante, una mezcla de ambos, funciona como un tiro. Si practicáis deporte de competición no os perdáis una buena sesión de coaching. Te puede dejar en tu punto más alto para competir. Otro dia os comentaré algo más sobre estas diferencias. 

Pero lo mejor de todo, una buena celebración. Por participar y por jugar bien. Si además se gana, entonces la dicha es completa, como podéis comprobar. . 
Con Raquel e Inés, subcampeonas de Europa, Alvaro, campeón de Europa y Miguel Delegado del club



¡¡Milagro!!

Parece magia, pero no lo es. Es un paso necesario.

Imaginemos por un momento que estamos incómodos, a disgusto, mal. Ahí nos mantenemos hasta que un dia, por el motivo que sea, reconocemos la situación misma y el daño que nos ocasiona.  

Valga como ejemplo el estar a disgusto en un trabajo. Mientras que el cuerpo aguante, aguantamos. Sabemos que hay algo que nos está perjudicando pero no queremos averiguarlo. Podemos aguantar. Ahí nos mantenemos hasta que un día todo revienta. Nos damos cuenta de que hemos entrado en una espiral descendente y que eso afecta a todo nuestro entorno. Se hace insufrible. Salud, relaciones, valores,…, todo está fuera de lugar

Es entonces cuando nos ocupamos en analizar qué ocurre y como se puede cambiar. O eso o nos morimos.

Así que decidimos reconocer la situación. ¿Ya está resuelto? No, en absoluto. Porque al ser conscientes de lo que nos ocurre, seguramente vamos a estar peor aún. En el caso extremo, esto nos va a llevar al cero absoluto, casi a la desesperación. Vivir con consciencia plena algo que ahora sabemos que nos perjudica seriamente, es horroroso. Así que aún caemos más. Seguro. 

¿Qué puede ocurrir entonces? Pues en algunas situaciones en las que he trabajado como coach, este es el punto en el que se decide romper con aquello, aunque no tengas nada más que te respalde. 

Vuelvo al ejemplo del trabajo. Lo dejamos. Dejamos ese trabajo aunque no tengamos otro, aunque las vayamos a pasar canutas durante una temporada.


Y una vez se asume esto, una vez damos por finiquitado una situación, empieza el milagro. De repente, con el marcador a cero, empiezan a parecer otras oportunidades, otras posibilidades que poco antes ni nos habíamos imaginado. Posibilidades que antes eran imposibles. Suceden cosas que ni siquiera esperábamos. 

Esa posición de cero en la que todo lo damos por perdido resulta que es el mejor punto de partida. Hemos aprendido a quitar de nuestra vida lo que no lo que nos interesa, lo que no queremos. Nos focalizamos en lo importante, en lo coherente con nosotros mismos. Entonces, sólo entonces, se disipa la niebla y todo empieza a funcionar. ¡Milagro!

Cambiar a peor

Hay cosas que nunca me dejan de sorprender. Hoy me vais a permitir que utilice alguna palabra “malsonante”. Sabéis que no suelo hacerlo pero así hago una transcripción mas literal de lo hablado. 


No me voy a enrollar mucho. Imaginad por un momento que alguien opta por dos posibilidades frente a una situación. La primera pregunta que se me ocurre es ¿Cómo quedarás si optas por el camino A? La respuesta que me dan es categórica: “Jodido”.

Bueno, ya tenemos algo más claro. Me alegra tanta claridad. Se me escapa una sonrisa. Entonces, ¿cómo quedarás al optar por el camino B?  En décimas de segundo, marcando previamente un gesto de desesperación, la respuesta es: “Jodido”.

Ahora el gesto de desesperación se me pone a mí. No lo puedo evitar. Mi interlocutor sólo ve dos caminos posibles y los dos nos llevan al mismo sitio. 

La siguiente propuesta es buscar alguna alternativa más. Pero no se centra en ello. ¿Y la posibilidad de quedarse como está?  No le gusta.

¿Entonces? ...Que quiere un cambio. Sí o sí. 

La duda que me viene a mí en ese momento es: ¿Alguien quiere meterse en un camino que sabe que le va a ir mal?  ¿Qué obtiene con ello? ¿Qué será más doloroso? ¿No estar bien ahora porque lo que tienes en este momento no te gusta? ¿O estar muy, muy jodido más adelante pues has sido consciente de que ibas a estar jodido?

Desde luego, esto último es jugar a la ruleta rusa con el cargador lleno de balas. Y lo que más me sorprende es que alguien vaya a pegarse un tiro a sí mismo sabiendo que va a morir…pero no porque quiera morir, sino porque quiere salir de una situación actual. A cualquier precio. Aunque en ese otro sitio le vaya aún peor.  


Desde luego, hay mucha presión hoy en día para salir de la zona de confort, para moverte, para impulsar el cambio. Pero hay que distinguir - aunque sea de perogrullo - que no todos los cambios son necesariamente a mejor. Ni tienen que ser ¡ya! Ni a cualquier precio.  

Mis preguntas

Sigo con las cosas sencillas -  y para mi utilísimas -  tal y como he hecho en los últimos post comentando la rueda de la vida y las motivaciones. 

Lo que más agradezco al coaching es que me ha enseñado lo que son las preguntas abiertas. Ya no para preguntar a los demás sino para utilizarlas “contra” mi mismo. Os pongo algún ejemplo.

Antes, frente a cualquier situación, podía preguntarme: ¿He hecho bien? Con un si o un no, el asunto quedaba zanjado. Es decir, la pregunta me lleva a dos posibilidades o si o no. Una contestación tan rotunda admite poca réplica y por tanto provoca menos auto reflexión.

Si en vez de esta pregunta, utilizo otra, como por ejemplo: ¿Cómo me ha ido actuando así? Pues abro un poco las respuestas  - no mucho más -  porque con un bien, mal o regular o algo de este calibre, se puede cerrar el asunto.  

Por tanto, tengo que apurar aún más la pregunta si quiero sacarle jugo.  ¿Qué consecuencias tengo actuando así?  O ¿Cómo podría haber actuado de otra manera? Empieza a obligar a que las respuestas sean más detalladas, que requieran más explicación.  Es decir, me obligan a pensar más, a profundizar más, a darle más vueltas buscando alternativas. Y aquí está lo bueno.  Siempre aparecen cosas de uno mismo que tal vez nunca esperaba.  Y para rizar el rizo – sirva solo de ejemplo - , ¿Cómo creo que explicaría esto mi peor enemigo/mejor amigo/familiar/….?  Esto ya me vuelve loco.

Verás que también en la pregunta se evita la directividad es decir, hacer una pregunta que me obligue a ir hacia un camino concreto.  Una pregunta del tipo: ¿Cómo sería la respuesta favorable de mi mejor  amigo a esa situación? Estoy dando casi por entendido que mi amigo me va a apoyar.   

En fin, os invito a practicar el arte de preguntar  y que lo utilicéis con vosotros mismos. Es un juego sorprendente.


No tengo objetivos

Me encuentro en muchas ocasiones (esto no es una creencia limitante sino una confirmación) con personas que dicen "no tengo objetivos". Se da este caso muy a menudo. 

Si a esto le sumamos que reconocen no encontrarse bien, que tienen un fondo de casi angustia, como de falta de algo, entonces es que hay cosas en su vida que no funciona. Claro que pueden ser un montón de causas las que llevan  a esa situación pero si no es capaz de verbalizarlas, entonces la resolución de la situación se pone muy difícil. No objetivos, no alegrías, no emociones, no esperanzas, no… nada. 

La situación me recuerda a la cebolla sin pelar. Para llegar al cogollo, necesitas quitarle unas cuantas capas. ¿Y cómo lo hago? Es difícil decirle a la cebolla que se pele sola para que ofrezca lo mejor de sí.

Hay una herramienta sencilla, básica y generalista pero muy efectiva a la vez. Da un punto de partida.  Ofrece la posibilidad/excusa para ayudar a visualizar cómo estoy en este momento. Se llama la rueda de la vida. En la imagen la tenéis.

Su modo de utilización es fácil. Rellenar con valores del uno al diez en función de cómo te encuentres en esos campos. Por si alguien quiere más profundización en esto os invito a que pinchéis aquí. Este artículo es de Pedro Amador

A partir de rellenar esta rueda, los temas de conversación fluyen, lógicamente trabajando sobre aquellos “quesitos” que están más desfavorecidos o incluso pensando sobre los que están bien. Y a partir de este pequeño paso puede surgir la emoción que motive, la puesta en marcha de un proyecto de mejora, vamos, de un objetivo.


Te invito a que te plantees rellenar tu rueda. Luego si quieres, me la envías y comentamos. No se pierde nada pero puedes ganar mucho. Como mínimo pensarás en ti, lo que no está nada mal.  

Existen más herramientas para trabajar los acompañamientos y la profundización en objetivos. En este blog puedes encontrar algunas. Pincha aquí. 

¡Ya tengo trabajo!

“¡Ya tengo trabajo!”  

Reconozco que cuando esta semana escuché la frase través del móvil, el corazón me dio un vuelco. Porque no hay mayor alegría que pueda recibir un coach. En este caso yo. Tras estas palabras hay muchas horas de trabajo, de esfuerzo, de lucha, de desesperación, de frustraciones, y de ilusiones, …, de quien me lo dijo.

Sí, el objetivo está cumplido. Esta persona descansa …y yo también.  Ahora puedo pensar más fríamente en cómo se ha desarrollado el proceso. Desde luego, en la base están las palabras. En cada caso que me encuentro veo que las palabras que utiliza quien me busca, le hacen un daño casi insoportable. Son su peor enemigo. En cada pensamiento que desarrolla hay un auto ataque continuo. Eso sin hablar de los repetidos viajes hacia atrás, hacia lo que ya no se puede variar…

Pero hoy quiero centrarme en la parte que más me sorprende (y por tanto me divierte)  siempre de un proceso de coaching. Cada vez redescubro que ninguno de todos los caminos que yo le propondría  transitar a esa persona en búsqueda de su fin, le valen. Ninguno.   

Me cuesta mucho pero he aprendido a disfrutar de esto. Y por tanto a esperar. Sé, estoy convencido, lo tengo comprobado, que mis soluciones (mis consejos a su situación) no le sirven. Ninguna de las situaciones de éxito que he tenido en el coaching  han pasado por poner en práctica mis propuestas. Nunca. Por tanto, no sirven de nada. 

Compruebo, caso tras caso,  que debo vivir estos procesos de la mano de la expectación total, en espera de que el cliente me enseñe el camino – desconocido para mí - que él va a recorrer.  

Así que he aprendido el don de la paciencia, de la espera, de la confianza en quien me pide acompañamiento. Me lo dijeron cuando me formé en coaching pero,…, yo tampoco me lo acababa de creer.

Por eso, cuando ves que alguien llega a su objetivo, por un camino que tú como coach desconoces, y ni imaginas, es entonces cuando crees en el milagro de las personas, en su valor único e intransferible. Una persona, una sola solución. Así que en este caso si sumamos a la sorpresa continua con la que se vive el proceso de coaching, la alegría de ver que el objetivo propuesto se alcanza, comprenderás que me pegue un subidón del que me es difícil bajar en varios días.


Bien solo, bien acompañado, vale la pena hacer este recorrido que te lleva a hablar de tú a tú con todo el potencial interior. ¡Es realmente sorprendente!