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Inteligencia emocional


Hace muchos años, siendo muy jovencillo, me hicieron en el colegio un test de inteligencia. Me quedé en la media.  Un exámen más en el que confirmar mis aburridas estadísticas.

Hace poco tiempo volví a hacer otro.  Capacidades matemáticas, espaciales, …una batería  de test que me confirmaron en mi posición. Salió exactamente el mismo número que salió casi 40 años atrás.  ¡No había mejorado nada! ¡Toda una vida para mantener la misma posición!

 Mi  único consuelo es que no he perdido aún capacidades.  Espero volverlo a confirmar dentro de otros treinta años…
Ahora bien, en su momento ese test me dejó un vacio. Los resultados que arrojaron no me cuadraron con las percepciones que yo tenía de mis compañeros de clase.  No todos los líderes de la clase tuvieron los mejores resultados.  Tampoco los obtuvieron los que se les veía más felices, menos aún muchos de los que hacían de la clase un lugar de convivencia. Aquí casi, casi, era al revés.
La tranquilidad me la dio la aparición de los estudios sobre una inteligencia distinta, la inteligencia emocional. Esta me ayudó a ubicar a  la gente de manera más congruente.
¿Qué es la inteligencia emocional? La inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Este término se hizo popular gracias a Daniel Goleman, con su célebre libro: Emotional Intelligence, publicado en 1995.
Hoy he traído este tema porque un buen amigo mío Miguel Angel Diaz ha creado la Asociación Nacional de Inteligencia Emocional y el próximo Martes día 20 va a dar una interesantísima conferencia “Sentimientos que matan sentimientos que curan” y que aconsejo no perderse a quien se pueda acercar por Valencia (España).
Sobre inteligencia emocional volveremos en muchas ocasiones, nos va a dar mucho juego con preguntas como ¿Se pueden dominar las emociones? ¿Podemos cambiar nuestras emociones? ¿Para qué?¿Cómo nos influyen?
De momento os dejo este dato: La investigación realizada a nivel mundial por The Consortium for Research on Emotional Intelligence in Organizations, arrojó un resultado sorprendente y vinculado a nuestro Cociente de Éxito: el mismo se debe un 23% a nuestras capacidades intelectuales, y un 77% a nuestras aptitudes emocionales.

Hablar de dinero


Uno de los asuntos más difíciles para mucha gente es hablar de dinero.  No de las cuentas del Estado, de lo que gana uno u otro, ni siquiera de lo que uno genera.  Me refiero más bien a esa negociación en la que estás ofreciendo un producto o un servicio  y en el que además te va en ello parte de tu superviviencia.
Una negociación salarial, un acuerdo de condiciones, un cierre de negocio, etc.etc.  Poner encima de la mesa la palabra dinero, la cuantificación del mismo suele ser motivo de un mal trago. Tanto que hay quien se queda bloqueado o es capaz de admitir casi cualquier cosa.  Claro que luego si el precio pactado no es el adecuado, viene el inconformismo y la insatisfacción: “Me han engañado”, “No es esto lo que yo quería”… o lo que es peor, el autoreproche: “Soy un cobarde”, “estoy así por mi culpa”, “se ha salido con la suya”.
Esta situación creada por no saber hablar de dinero  se mantiene durante bastante tiempo y crea un malestar que suele llegar a ser insoportable.
Un poco más adelante, cuando la ocasión se repite, lo que se hace es tratar de evitarla. Esto nos lleva al bloqueo y a no dar salida a nuestras opciones.
¿Qué hacer frente a este problema?  Desde luego contestarnos con sinceridad a las siguientes preguntas:

-          ¿En qué momento voy a tener esa conversación?
-          ¿Qué estoy ofreciendo para que  el asunto económico me sea favorable?
-          ¿Hasta dónde estoy dispuesto a transigir?
-          ¿Qué ventajas obtendré si todo se desarrolla como tengo previsto?
-          ¿Cómo me afectará una negativa a mis propuestas?
-          ¿Qué conozco sobre mi interlocutor?
-          ¿Cuándo diré que no?

Tener presente estas preguntas va a hacer que afrontes esta situación de hablar de dinero con mayor seguridad.

Un año de rodaje


¡Este blog cumple un año! Y me alegra no por lo que ya se ha hecho sino porque por delante nos espera una aventura sensacional.
Atrás dejamos casi 50 entradas, comentarios y 4500 visitas como señal de la fidelidad de los lectores.
He tratado de aplicar al blog una de las recetas que aquí mismo se han tratado. La constancia. Intentar que todas las semanas aparezca un nuevo artículo. Creo que este es uno de los factores que está contribuyendo a que los lectores sigan por aquí.
Vuestros comentarios, tanto aquí como en Facebook, y los reenvíos en Twiter, son el soporte vital de este blog. Cada uno de ellos es como una vitamina rejuvenecedora, es un nuevo ánimo para seguir.
Por cierto, ya sabéis, en el Facebook, darle al me gusta y al compartir, en twiter al retwitear, y en las reuniones de amigos, hablar de este blog y de los asuntos que aquí se tratan.  Con esto último seguro que os divertís más de una tarde entera. A fin de cuentas, eso es lo que busca este blog.

En fin, soy consciente de que lo difícil no es empezar sino mantenerse. No obstante no estoy muy preocupado por esto porque aún hay muchos temas en el tintero que nos permitirán seguir dándole a
nuestro futuro unas vueltas más.


Gracias a todos por acompañarme en esta divertidísima aventura. 

!Déjate respirar!


Hay palabras que marcan. Cuántas veces utilizas  el “tengo que” o el “ debería de “. A fin de cuentas lo que nos decimos en estas ocasiones es: “Como yo soy  así sólo puedo hacer esto”. Con estas sentencias lo que hacemos es bloquearnos totalmente las alternativas.  Nos obligamos a un solo camino. Y  por tanto, de paso, dejamos insatisfecha la necesidad.
¡Pues ya tenemos un problema! Enfrentamos el “yo quiero” con el “yo debo”.  Si analizamos un poco de dónde pueden venir estos  condicionantes tal vez nos demos cuenta de que vienen de atrás y que además, hasta pueden no ser nuestros.  Estamos marcados a sangre y fuego por esos deberías de nuestros padres, maestros y personas de influencia y además se grabaron cuando éramos niños y poca defensa teníamos.  Es gracioso.  Y también dramático en muchos casos. 
Ha llegado el momento de apuntar cuando se produce ese conflicto. No demos el debería como axioma. Por lo menos, hay que dejarlo en cuarentena o en proceso de análisis.
¿Utilizas muy a menudo los tendría o debería? ¿Qué harías si no “deberías o tendrías que”? ¿Esas alternativas te satisfacen? ¿Son beneficiosas para ti?

Borrar y renovarse,.., o morir

Cuando tratamos de emprender un nuevo camino o una acción distinta, hay un montón de factores que nos inhabilitan para ponernos en marcha. Os adjunto un listado de motivos por los que nos quedamos bloqueados. Hay que trabajar para que esto no nos suceda. Si conseguimos liberarnos de estas ataduras conseguiremos poner en marcha todo nuestro potencial. Lee con atención las 11 creencias irracionales que vienen a continuación y si te encuentras reflejado en alguno de ellas, empieza a pensar en cómo las vas a corregir.  



Y los sueños ¿sueños son?


Hmmm, qué placer dormir bien. Tras un sueño reparador las cosas se ven de otra manera. Soy especialista en dormir, me encanta.
Como también me ayuda mucho el interpretar alguno de los sueños que tengo. Sobre todo cuando son recurrentes. Esos sueños me están dando claves sobre mí que me son desconocidas.
Muchas de nuestras acciones se realizan conteniendo nuestros impulsos primarios. No entraré a discutir si esto es bueno o malo. Pero lo que sí que es conveniente es conocerlos. Y los sueños ayudan a esto, a saber qué cosas te mueven con una fuerza interior casi irresistible, inconsciente y desconocida. El conocimiento de estas claves, el hacerlas conscientes, te servirá para actuar de modo más acorde con tu
naturaleza.
Existen métodos para recordar los sueños y experiencias múltiples de interpretación. Como primera aproximación a la interpretación de un sueño os invito a que paseéis por la siguiente web:
Por supuesto que para una correcta interpretación hace falta algo más que esta lectura. Los significados, las claves, son múltiples y particulares para cada uno. Aquí, si el asunto lo requiere, vale la pena ponerse en manos de un experto.
Conocer cómo funciona tu ser más profundo te va a ayudar a asentar tu personalidad, a controlar/corregir ciertas acciones y a no ser tu propia barrera. Que no es poco.

Tiempo propio

La conversación duró apenas 30 segundos. Lo que tarda un ascensor en bajar desde el tercer piso a la planta baja. Eran las 19,30. Cuando paró el ascensor en mi rellano y abrí la puerta, desde dentro me saludó una vecina. Tras devolverle el saludo, me introduje en el y hablamos:
- Qué ¿de trabajo? - sé por su profesión, médico, que en muchas ocasiones tiene que atender urgencias.
- No, de ocio - contestó con una sonrisa.
- Ah, muy bien, hay que disfrutar de estos momentos,...
Su respuesta fué muy rápida. Tanto que sentí que era algo muy meditado.
- Javier, para disfrutarlo antes hay que buscarlo...
Los cinco últimos segundos, tras darle la razón con un asentimiento de cabeza, estuve en silencio. Su respuesta me encantó. Y me quedé absorto dándole vueltas a este concepto. Casi ni me despido. En el último momento, cuando ella ya estaba a punto de salir del patio, le di las gracias. Tal vez no me entendió pues ella no sabía que me había dado una idea y una reflexión para este blog. Para mí, eso vale millones. 
Estamos en un mundo en el que el tiempo se nos esfuma. Vivimos muchos años y disfrutamos poco. Los acontecimientos y obligaciones nos dirigen. Casi nos arrastran sin que hagamos nada por impedirlo. No nos damos cuenta que es ese tiempo nuestro, esos momentos dedicados a nosotros, los que nos hacen ser personas, los que nos ayudan a ser felices, a ser completos.
¿Cuándo fue ese último momento tuyo, para tí? ¿Qué te impide hacer de ello un hábito? ¿Qué ganarías si consiguieras hacerte ese regalo?