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Un buen consejo


Imagina por un momento que te dispones a comer. Enfrente, un buen amigo que te acompaña. Dos platos de sopa recién hecha, bien, pero bien caliente (por favor imagínate que os  gusta mucho la sopa –esta parte es más difícil).

Tu amigo viene con mucha hambre. Tú también la tienes. Él le mete cucharada al plato y se la lleva a la boca. Lógicamente, se quema.  Le insinúas que espere un poquito a que se enfríe. Él, vuelve a comerse otra cucharada. Segunda ampolla en la boca. Le pides que se dé cuenta de que si sigue se va a destrozar el paladar. Él, con lágrimas en los ojos, reconociendo que está ardiendo, te comenta que tiene mucha hambre. Que sabe que se va a quemar pero que va a seguir comiendo.  Tú, como amigo, le pides que deje de comer, que tan sólo tiene que darse un poco de tiempo. Consejo imposible. Sigue comiendo, con lágrimas en los ojos tras cada cucharada. Se atraganta pero le es igual. Así hasta acabarse el plato. El resultado, por supuesto es catastrófico. Ulceraciones en la boca. No puede ni hablar. No comerá en varios días. Sus papilas gustativas han quedado destrozadas.  Nunca más volverá a disfrutar de una buena comida. Con la confianza de amigo, le recriminas la barbaridad de lo que ha hecho. Él, congestionado, dolorido, lloroso y jodido, te contesta ( casi sin poder abrir la boca): “Es que yo soy así”.

Esta situación, desde luego exagerada pero menos imposible de lo que parece, ocurre en muchas de las conversaciones que se tienen entre amigos cuando uno está dando un consejo a otro. Eso si es que te lo han pedido. Porque si ni siquiera te lo han pedido entonces todo se vuelva aún más rocambolesco.    

Además, tú te quedas fastidiado pues no has podido ayudar. Tus comentarios no han servido de nada. ¡Y da gracias a Dios de que no te acuse tu amigo de lo que le ha ocurrido! Porque como estará fastidiado será capaz de recriminarte el que le hayas dejado comer y serás el culpable de todos sus males!

¿Cuándo has dado un consejo no pedido? ¿Qué resultado obtuviste? ¿Cómo puedo ayudar sin aconsejar?

Tengo claro que el coaching y su práctica me ha enseñado mucho en este sentido. Aunque de vez en cuando, aún con demasiada frecuencia, se me escapa algún consejo no pedido,… con las consecuencias que eso trae.

Sin noticias


Hay más de 350 fallecidos en Lampedusa. Una cifra que fue aumentando poco a poco. Primero 50, luego el doble, luego el doble,…así hasta ese número fatídico. La profusión de imágenes, el goteo constante, me obliga a desconectar, a rechazar, a no prestar atención a esta tragedia.

Pero la noticia vuelve. Hasta que un detalle, oído en una radio, me fuerza a reconocer la realidad en toda su dimensión. Un enterrador dice que tan sólo pudo poner en las tumbas, en las fosas, un pequeño cartel con “emigrante 1”,  “emigrante 2”, “emigrante 3”… El hombre habla con rabia y pena del abandono en que quedarán los cadáveres a partir de ese momento. Nadie para llorarles, nadie para rendirles homenaje, nadie.

Peor aún, ningún familiar de esos “emigrantes” sabrá dónde está su hijo, su hermano, su familiar, su amigo. Saben que se han ido de viaje, a una tierra de salvación en la que podrán disfrutar de una vida digna.

Pero nunca más tendrán noticias de ellos, nunca les localizarán. Ni siquiera sabrán que están muertos. La duda les matará también a ellos. No sabrán de sus seres queridos, tratarán de justificar sus silencios, inventarán mil conjeturas que les evite saber lo peor. Penarán en vida. Y nunca más sabrán nada. Ellos morirán con la incertidumbre y el pesar por el enorme vacío creado.  Imagino qué me pasaría si un familiar, si un amigo mío se va de viaje por trabajo y nunca sé nada más de él. Me volvería loco.

Y yo no sé qué hacer. No puedo quedarme mirando la televisión sin hacer nada. Sólo será un grano de arena en el desierto pero hay que ponerse en marcha. Ser solidario es ser persona.

¡Que cunda el ánimo!


Cuando das un poco de cuerda a la conversación y muestras verdadera atención e interés por el interlocutor, sale a la luz esa afición oculta, ese deseo no realizado,  esa frustración por no haber llevado  algo adelante o el miedo paralizante que bloquea.
Todos tenemos proyectos aparcados, yo el primero. Es normal. Cada cosa a su tiempo, en el momento adecuado.
Pero me he encontrado en muchos casos, que lo que está detrás de esa inacción es la frase: “Tú no puedes hacer eso”  o peor aún, “No vales para eso”.  A veces incluso no se utiliza ni la frase. Recibes una sonrisa de circunstancia, un gesto de desaprobación que se traduce de inmediato en: ¡Madre mía, ¿cómo se me habrá ocurrido a mí dedicarme a esta tontería? Y el resultado más que posible es el abandono del proyecto.  
Pongamos el caso de la escritura (aún sabiendo las ventajas de escribir que tratamos en el post anterior) pero  sirve cualquier otro ejemplo. Cuando alguien comenta que quiere escribir, le piden que sea Cervantes, o Shakespeare,  o Cela desde el minuto cero.  O todo o nada. Desde ya. Porque si no lo haces así, el ánimo que esperas, se convierte en palabras o gestos de desánimo.  Incluso conozco algún caso en el que lo que se esconde detrás es “Si yo no puedo, tú tampoco”.
Reconozco que me enfada mucho cuando veo la tristeza que este tipo de censura ocasiona en el otro. En ese momento, si pillara al cafre que ha sido capaz de hundirle  de manera tan sibilina, seguramente me oiría más de una voz fuerte.  Porque detrás de estos “animadores” se esconde un afán dominador, un miedo horroroso al progreso del otro, un pánico terrible al cambio o un complejo enorme de inferioridad.  
Así que, cuando alguien nos de la confianza, se atreva a contarnos sus proyectos, regalémosle unas palabras de ánimo, seamos empáticos con él.  ¿Cómo te gustaría a ti que se comportaran cuando presentas tu proyecto?

¡Quiero escribir!


Cuando comento mi afición a escribir, es habitual que mi interlocutor me comente que a él también le gustaría hacerlo. Al preguntarle ¿para qué?  La respuesta habitual es: “para contar lo que me sucede, para explicar cómo veo yo las cosas, para,.., para quedarme a gusto”.
¡Caray, creo que son motivos más que suficientes para ponerse a ello!
Si leemos el post que nos dejó Alicia Uriarte (ella ya escribe) vemos que da un paso más aún: “escribimos para nosotros mismos, para reforzar sensaciones, sentimientos,..., para buscar aceptación, para reforzar la autoestima, para abrirnos caminos,...”
Imaginad por un momento que con algún tipo de ejercicio consiguiéramos además de lo anterior, todas estas cosas:
-       Estimular la creatividad
-       Organizar coherentemente las ideas
-       Reflejar un discurso
-       Separar el grano de la paja
-       Afrontar ciertos miedos
-       Hacer que se tenga en cuenta tu punto de vista
-       Mejorar la constancia
-       Medir tu capacidad  intelectual
-       Ejercitar las neuronas
-       Mostrar tu individualidad
Y así un sinfín más de beneficios no menores. Pues todo esto lo puedes conseguir escribiendo. El hecho de querer escribir y querer hacerlo bien, te pone delante una de las metas más apasionantes. Es de largo recorrido, supone esfuerzo, da beneficios, anima a al aprendizaje continuo, te obliga a estar permanentemente atento a todo lo que te rodea, a ser partícipe del mundo,…
Veréis que escribir supone dar un salto cuantitativo y cualitativo importante. No lo perdáis de vista. Eso aunque no lo hagas muy bien. Si además tienes cualidades y las trabajas, entonces el resultado para tu vida es espectacular.
Ah, y si encima de escribir, lo hacéis a mano de vez en cuando, descubriréis otro listado importante de ventajas, pero eso, lo dejamos para otro dia.

Pd.- Lo de la foto intentadlo cuando ya tengáis mucha práctica.

Empatía


Ahora me gusta ver series de televisión.  Pero enteras. Vamos que cojo una y no la dejo hasta que veo todos los capítulos y las temporadas. Ahora llevo entre manos una que se llama Mentes criminales. Está muy bien. Desde luego, la recomiendo.

El equipo protagonista trata de averiguar lo que pasa por la mente del criminal para poder detenerlo. Para ello utilizan como arma principal la empatía ( del griego ἐμπαθής "emocionado")  llamada también inteligencia interpersonal en la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner. Es la capacidad cognitiva de percibir en un contexto común lo que otro individuo puede sentir. También es un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.
Vamos, en cristiano, significa ponerse en la piel del otro para comprender cómo piensa y qué le lleva a hacer lo que hace.

Con la empatía este equipo de investigadores consiguen detener y encarcelar a los culpables.
¿Y qué es lo que me ha llamado la atención, lo que me ha ayudado a comprender? Pues que el objetivo de la empatía no es justificar lo que el otro hace, asumir como propio sus acciones, sino comprender por qué lo hace.  Y no es lo mismo.

Siempre he sido fácilmente influenciable y además, he tratado de tener empatía con el de enfrente. Pero para ponerlo a mi lado. Esto puede ser un error. Bueno, lo es. Y el resultado puede ser desastroso. Porque puedo llegar a justificar acciones, a perdonar ciertos actos y a consentir cosas que dentro de mí siento que no están bien. Como lo comprendo, lo comparto. Por tanto, lo consiento. Este es el error.
La empatía no obliga a  compartir, tan sólo, y no es poco, te ayuda a conocer, a enriquecerte con otra visión distinta de la tuya, a saber qué pasa por la mente del otro. Pero no te puedes quedar ahí. Esto es lo cómodo. Nos falta comparar con la escala propia de valores y tomar una determinación.  

En el caso de esta serie, el equipo comprende el porqué del acto criminal, pero no lo justifica. Y actúa. Encarcelan  al malo. Son sus valores. Es su trabajo.
Ten cuidado. Tu nivel de empatía puede ser grande. Pero utilízalo bien. Hay verdaderos maestros en utilizar en provecho propio tu capacidad de empatía.

¿Cómo actúas cuando alguien cercano a ti abusa de tu comprensión y te hace renegar de tus valores?
Pd.- la próxima serie que vea será de humor. A ver si me relajo un poco.

El orden de los factores...



Soy el primero que disfruto cuando no tengo nada que hacer, o mejor dicho, cuando no hago nada. Pero para eso necesito tiempo libre.
En efecto, puedo parar lo que estoy haciendo y ponerme en blanco pero reconozco que entonces me vienen las recriminaciones: deberías estar haciendo esto o lo otro, eres un vago, etc,etc,etc.  Tal vez otro día analice esas voces interiores pero hoy me centraré en lo que puedo hacer para que cuando pare, pare de verdad. Es decir, con la satisfacción del deber cumplido y sabiendo que me regalo un tiempo de vagancia, sin atormentarme por ello.
Está claro que a esto se le llama organización y planificación. Tal vez  suene un poco marciano pero si nuestras actividades del dia las acometemos con  planificación y organización, resulta que nos queda un montón de tiempo libre.
Aunque sean ejemplos un poco extremos, está claro que no debemos quedarnos mirando la lavadora mientras está en marcha y hasta que acabe (bueno, salvo que ver girar el tambor de la misma nos produzca un placer especial). O no podemos ir seis  veces al mismo sitio a coger cosas, o no podemos tener a un equipo de personas mirándonos cómo trabajamos mientras esperan órdenes.  
No es muy difícil parar y pensar. Es decir, al comenzar el dia, dedícale cinco minutos no sólo a repasar las cosas que tienes que hacer sino también, y esto es lo más importante, en qué orden puedes acometerlas y si hay cosas que puedes solapar, es decir, hacer a la vez. 
Puedes tener que trabajar y poner la lavadora. Piensa que harías antes. O tal vez leer un libro mientras vas en el transporte público, o aprender inglés mientras conduces, o recoger la habitación mientras el ordenador se pone en marcha… Esto no es como en las matemáticas pues aquí el orden de los factores sí que altera el producto.
¿Cómo te sentirías si dispusieras de tiempo libre? ¿Qué cosas puedes hacer simultáneamente?

¡Hoy no escribo!


Tengo la mente en blanco. No sé si es que se me han acabado las ideas para escribir, si es que  hoy no tengo ganas. Esta situación me da miedo porque no sé si durará días, semanas o meses. Cuantas más vueltas le doy, menos ideas me vienen a la cabeza.

Además estoy vago. No quiero escribir. ¿Será que he agotado todos los temas posibles? Me recrimino no haber tomado notas cuando me viene el flash inspirador. Tendré que volver a poner la libreta de notas en la cartera. ¿Será que no presto suficiente atención a lo que me rodea? Pues entonces abriré los oídos a lo que se dice en cualquier conversación nimia.  ¿Y si no oigo nada interesante? Pues tendré que preguntar.

No sé exactamente qué les gustaría ver reflejado aquí a quienes me leen. Tal vez debería hacer una encuesta. Si tengo la suerte de que me respondan, entonces tal vez podría seguir escribiendo sobre temas interesantes.

Aprovecharé que no estoy inspirado y me iré a dar una vuelta por alguna librería. Es posible que un libro desconocido, inesperado, me ayude. 

Espero que no sea la responsabilidad que lleva el haber pasado de las 10000 visitas.  Con tantas supongo que los lectores esperan más y mejor y me da miedo el no saber si puedo cumplir las expectativas. Pensaré en cuáles son las mías sobre este blog. Pelearé contra el miedo.

¿Qué hacer cuando se está en esta situación, espero que transitoria, de bloqueo mental? Espero que tú me ayudes. Sólo así podré escribir de nuevo. De momento, hoy no escribo. Esperaré tiempos mejores.