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Usa las obligaciones

¡Que buenas son esas sentadas en la terraza de un bar con alguna cervecita – o bebidas refrescantes para los integristas – con personas reales e inteligentes! Esas conversaciones que se realizan sin prisas y sin límites mentales. Son la fuente natural de estos post. Aunque algunas veces me es difícil trasladarlas al papel porque no sé exactamente cómo reflejarlas. Son importantes para mí, me hacen reflexionar. En esta ocasión, alguien me hizo poner en duda las teorías que demonizan las obligaciones. Así que en esta ocasión traslado casi literalmente lo que comentó una persona muy inteligente, porque tal vez así consiga transmitir lo que aprendí.

“ Soy una persona con altos y bajos. Mi carácter no es lineal e incluso tiendo más a irme hacia abajo que hacia arriba. Así que uso mis actividades normales para obligarme a ir hacia arriba. Por ejemplo, no puedo dar clases con un estado bajo. Mis alumnos no me lo perdonarían. Por tanto, como no me queda más remedio que dar clases porque tengo que comer, aprovecho esto para ponerme en la línea ascendente. Tengo la obligación de hacerlo, sí o sí,  y además me viene bien. Pero además, participo en un grupo musical. Iniciamos la actividad con una idea de fuerza. Estamos preparando un disco. No puedo dejar que el ánimo se me venga abajo porque entonces perdería el espíritu que queremos transmitir. El acudir a los ensayos me obliga a ponerme en modo alto. Lo mismo ocurre con otro tipo de actividades que realizo.

Y sé que esto me sienta bien. Supone un esfuerzo, pero cuando acabo la actividad, las clases los ensayos, lo que sea, estoy arriba. Ahí consigo mantenerme. Como estoy bien, sé que al dia siguiente tengo que volver a hacer esas actividades aunque no tenga espíritu para ello. “


Por supuesto, tomo nota de esta enseñanza. La inteligencia está en buscar esas actividades que te animan, que te llevan arriba. Ya no tanto porque te gustan sino por la fuerza que te llevan a desarrollar. Tal vez un buen planteamiento de las cosas que hacemos nos ayude a mejorar nuestro estado físico y mental. Voy a darles prioridad. Hay obligaciones y “tengo que “ que no son tan malas. 

El hábito de la creatividad.

La creatividad no es un don, es un hábito. 

Gracias a la ciencia hemos pasado de pensar que la persona creativa lo era por causas externas a saber que es un proceso que depende de uno mismo. Gran salto.

En Grecia y Roma, la posibilidad de hacer algo distinto (no digo crear porque esa palabra ni existía), era atribuída a la existencia de espíritus que vivían “pegados” al lugar de trabajo. Eran ellos los que insuflaban esa idea nueva, distinta, y que te hacían triunfar o fracasar en el intento.. Por cierto, los griegos les llamaban diablos y los romanos, genios. Digamos que la responsabilidad no era de la persona sino de algo ajeno a ella.

Más adelante, en la edad media, todo dependía de un ser superior. Así que nos era imposible generar nada que no viniera por influencia divina. Aquí, en nuestro caso, le llamábamos,.. Dios. Amén de que todo debía ser a imagen y semejanza de Él. Por tanto, la responsabilidad no era de la persona sino de algo ajena a ella.

Ya en el siglo XX, se habló de genios. Es decir, sólo unas pocas personas eran capaces de ofrecer algo distinto. Para ello habían sido dotadas de algún gen extraordinario que les hacía diferentes. Por tanto, la responsabilidad no era de la persona sino de algo ajena a ella.

Pero, desde finales del XX hasta ahora, la ciencia en todos sus campos (psicología, biología, medicina, etc, etc) nos dice y enseña que para ser creativo no hace falta ser un genio, que la creatividad depende de la capacidad de puesta en acción de la persona. Y además, afirman, que esto se puede trabajar, se puede desarrollar, se puede mejorar.

Por tanto, la ciencia nos ha hecho una canallada. Nos ha soltado la responsabilidad de querer ser creativos. No nos deja lugar a excusas. Puedes ser creativo si quieres. Eso sí, no sin esfuerzo. ¿Te apuntas?

Pd.- Si aún no sabes para qué debemos trabajar la creatividad, espera un poco y te lo intentaré contar en otro post. Mientras tanto, te dejo aquí unos enlaces por si no los has leído:


El conferenciante seductor

Fernando Pena
Psicólogo
Asistir a una buena conferencia es el mejor regalo que te puedes hacer. He tenido la suerte de asistir a la impartida por Fernando Pena, a través de la asociación ASNIE (Asociación nacional de inteligencia emocional) en el incomparable marco del Ateneo Mercantil de Valencia.

¡Vaya lujazo! Bajo el título “Cómo seducir a tu cliente”, Fernando Pena,…, nos sedujo a todos. Nos regaló hora y media de charla con una profesionalidad rayana en la perfección. Inteligente, simpático, seductor y actor, nos vendió en primera persona las actitudes y aptitudes que debe tener siempre un buen comercial. Por supuesto, le compramos. 

Su conocimiento técnico del asunto – qué hacer para ser un buen vendedor – es impresionante. Desarrolló con precisión la aplicación de las nuevas técnicas psicológicas y neurocientíficas en este campo. Por supuesto, hizo especial hincapié en la utilización de la inteligencia emocional y nos invitó y animó a poner todo esto en práctica.

Siempre he pensado que la actividad comercial requiere de una actitud especial frente a las situaciones y la vida. Quien vende, sabe que el fracaso siempre está presente. No conozco a ningún vendedor que venda siempre. Es más, en nuestro mundillo – yo también pertenezco a el – sabemos que quien obtiene resultados en dos de cada diez gestiones, es un fuera de serie. Esto quiere decir que o gestionas correctamente 8 sobre diez fracasos, o estás muerto.
Pues Fernando nos ofreció claves para alcanzar éxitos más frecuentes. Habló de la actitud vital necesaria del comercial: Actitud positiva, habilidad de comunicación, autocontrol, proactividad, flexibilidad, persistencia,…, todo ello pintado y escenificado con ejemplos reales que no se borran, que se guardan en la mochila para utilizarlos en cualquier momento de nuestro viaje.

Me encantó, y ya lo he utilizado, la explicación de que el mundo no es positivo ni negativo. ¡Es neutro! Y todo depende de cómo lo afrontes. Y por supuesto frente a cualquier situación que en principio nos pueda parecer negativa, deberemos añadirle la frase “...Pero afortundamente,…” porque detrás de cada una de ellas siempre hay una oportunidad. Es divertido, imaginativo y …positivo.

Sería prolijo resumir todas las claves que nos regaló. Pero me gustaría destacar que si bien me considero un experto en ventas – llevo en este sector muchos años – lo que me ofreció Fernando no fue tanto una multitud de cosas novedosas para mí (aunque sí que hubo más de una y de dos) sino la organización racional y científica de un montón de ideas que he aplicado de manera muy intuitiva. Aquí está el gran regalo que me hizo Fernando: confirmarme que no voy por mal camino y además, darme un método que me ayudará a vender tres en vez de dos.

¡Bravo Fernando, bravo una vez más ASNIE!


Pd.- Que nos se nos olvide que todos compramos y vendemos, en el trabajo, en nuestra actividad diaria. Quien diga que no, se engaña. 



¿Quién me protege?

Sergio Gozzi
Como estamos en familia, os haré una pequeña confesión. Siempre he pensado que alguien me protege. Desde hace muchos años. Es un runrún que llevo en la cabeza y que de vez en cuando me vuelve. Lo pienso, sonrío, lo acepto y lo dejo dormir. Sólo vuelvo a ello cuando me doy cuenta de que sin saber por qué me he apartado de un camino que, aún pensando que era bueno para mí,  hubiera tenido mala salida. Claro que ese protector no es de aquí sino de más allá. Pero esto me lo quedo para mí porque soy de los que dicen “no creo en las brujas pero haberlas, haylas”.    

Hoy me atrevo y me lanzo a traeros a este blog a Sergio Gozzi. Más que nada porque me ha llamado mucho la atención. Algunas personas cercanas me hablaron de él. No me dijeron qué hacía exactamente, tan solo que era como un médium. Me entró la risa como me ocurre cada vez que me hablan de alguien así. A pesar de lo que os he confesado antes, soy descreído. No sé si será por miedo o por comodidad.  

Pero claro, como os he comentado en alguna ocasión, la vida es tozuda y cuando se empeña en llevarte por algún sitio, hay que hacerle caso.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando me pasan un enlace de la entrevista que le hicieron recientemente en un programa de televisión. No os voy a adelantar mucho, porque quiero que la veáis (más abajo os adjunto el enlace). Sergio Gozzi dice que se dedica a…¡dibujar retratos de esos seres ya fallecidos que nos protejen!
Comprenderéis que me quedé alucinado. Una cosa es que un médium te diga que ve a alguien cercano a ti y te cuente alguna cosa, y otra muy distinta es que además te lo dibuje sin conocerlo. ¡Eso ya es para nota!
Algunas personas que le conocen me han hablado muy bien de él como persona. Reconozco que en esa entrevista me ha ganado, porque explica que lo único que le diferencia de otros es que tal vez tenga una sensibilidad especial y que él lo único que ha hecho es trabajarla para sacarle partido (Hmmm, esto me recuerda a la maravillosa parábola de los talentos).

 Tal vez algún día me atreva a ponerme en sus manos de dibujante, a ver qué sale.

En fin os dejo con esta entrevista a Sergio Gozzi. No se si le creeréis pero tal vez os ocurra como a mí,…, me puso a pensar.

Pd.- Os preguntaréis el porqué de una entrada como esta. Es fácil: La trascendencia. Es uno de los apartados por los que debemos transitar para preparar nuestro futuro. 
Hale, os dejo con la entrevista. 


¡Ya lo dije!

Llevo encima una libreta donde anoto cosas. Tengo un apartado que se llama agoreros. Reconozco que me encanta. Según el diccionario 1. adj. Que predice males o desdichas. 
Bueno, pues allí apunto los nombres de las personas que cuadran con esta definición, es decir, aquellos que les encanta predecir constantemente todos los males que van a suceder.  Apunto las fechas en las que realizan sus pronósticos y el plazo en el que consideran que aquello va a ocurrir. Incluso escribo su estado de ánimo y su actitud física. Sus comentarios suelen ser del tipo: "Estás equivocado,..., ya verás a donde nos lleva esto,..., te lo advierto,..." etc, etc, al tiempo que se les hincha la vena del cuello, gritan o se quedan en silencio absoluto con gesto de tensión en el rostro, conocedores -que no sé si preocupados - de las desgracias que me van a caer encima. Tengo personas así en todos mis ámbitos de actividad. Incluso entre algún amigo.
Estas anotaciones las dejo en reposo. Hasta ver qué ocurre. Raramente pasa nada. Por tanto el agorero se olvida de recordar sus pronósticos. Reconozco que entonces soy yo quien les sirve de recordatorio (de vez en cuando me permito esta pequeña maldad). 
Pero alguna vez, el hecho vaticinado sucede. Sí. Me voy a mi libreta y lo apunto. 
El "adivino" entonces se regodea. "Ves, ya te lo dije yo, sabía que iba a suceder,...". Lógicamente le dejo que disfrute de su momento. Más aún si ha acertado. Reconocer errores es de sabios. 
Pero,..., también me gusta llevar estadísticas. Esto no le gusta al agorero. Porque resulta que por cada una que aciertan, fallan en cien. Así que cuando están en el momento más álgido de su discurso, recordándome que ellos ya lo habían dicho, que ya sabían lo que iba a suceder, les suelo enseñar los números. Los que reflejan su nivel de aciertos. Se suelen molestar bastante. ¡No sé porqué! No les gusta que se les recuerde que tienen en la lista un montón de advertencias agoreras que no se han cumplido, que se han olvidado de recordar, que han borrado de su mente como si nunca hubieran lanzado ese pronóstico destructor. No quieren ser conscientes del daño que han causado. 
Así que tras la comprobación empírica de esto, suelo dejar de atenderles en sus consejos. Los borro de mi lista (tanto de la de agoreros como de la de personas interesantes) pues nada bueno obtendré de esa relación. 
Ah, y si sin pedirlo, me lanzan otro consejo-amenaza, les encierro en la lista de personas nocivas, insalubres y peligrosas. Y cierro la libreta rápidamente para que no me contagien.  

Mimismo

Mi vida es como una montaña rusa en la que no controlo la velocidad, ni las sensaciones, ni me puedo bajar. 
Esta frase me la han repetido en varias ocasiones, incluso alguna vez también la he pensado yo. Se me escapa todo, no disfruto de nada y tengo vértigo. 
Por contra, otros nos volvemos locos porque no sabemos cómo salir de la rutina diaria, de las repeticiones y de la previsión. 
La vida nos presenta todos sus colores y sus tonos pero,...¿cual es el punto de equilibrio, ese justo término en el que estamos satisfechos, en el que nos consideramos felices?
Hoy en día hay muchas propuestas que nos animan a salir de nuestra zona de confort, a lanzarnos por otros caminos desconocidos para conseguir algo más. La tentación es fuerte porque las promesas del maná son muy seductoras. Pero el resultado puede ser catastrófico sino se traza bien el camino y la meta. Y por otro lado nos llueven las ofertas que nos invitan a estar quietos, a no movernos, a no mover nada para que la situación no se altere. 
En fin, que todo esto es para volvernos locos. Al final del día ya no sabemos si queremos ir para adelante, para atrás, o quedarnos quietos. O tal vez, incluso le compliquemos a alguien la vida para que nos busque soluciones para,..., lo que nosotros mismos no queremos afrontar. 
Porque estamos buscando fuera de nosotros todas las justificaciones para lo que nos sucede. Mi jefe, mi novia, mi amigo, mi compañero de trabajo, mi situación laboral, mi,..., son elementos externos a nosotros a los que atribuimos, para la acción o la omisión, todo lo que nos ocurre. Y si lo que nos ocurre es malo, entonces ya tenemos un culpable. 
¿Qué ocurriría si empezáramos a trabajar el "mimismo", es decir, el conocernos a nosotros mismos, el mirar hacia adentro, el hacernos responsables de lo que nos ocurre?
A lo largo de este blog hay infinidad de propuestas sobre las que trabajar este concepto. Quiero aprender y doctorarme en mimismo, ser dueño de mimismo, de mis actos, de mis acciones. Voy a ser el primero que revisaré todo lo que he escrito anteriormente porque hay cosas que sabiéndolas, las he dejado apartadas. Y una cosa es no saberlas y otra, sin justificación, saberlas y no ponerlas en práctica. ¿Me acompañas?


Tres deseos alcanzables

Jose Antonio Marina
Me encanta bucear por internet. Es una fuente inagotable de conocimiento. Por supuesto, esa búsqueda tiene que ser inteligentemente selectiva. Esta es otra de las gracias que le encuentro a esto. Descartar, rechazar, preguntar, comparar, para finalmente alcanzar ciertos conocimientos que de no existir esta potentísima arma supondría un esfuerzo descomunal. Lo que voy recogiendo en la red me hubiera sido casi imposible de recolectar con otros medios. 
Así que en este viaje digital, lo último con que me he topado es con la definición que da Jose Antonio Marina, filósofo, escritor y pedagogo español sobre la felicidad. Sí ya sé que esto está últimamente muy manido por los blogs, las redes, internet, etc, pero es que me encanta la relación que aporta entre felicidad y creatividad. Como sabéis que a mí me gusta mucho todo esto de la creatividad, pues os invito a que participéis de ello. Por supuesto, esta definición sirve para la vida pero a mí me llamó aún mas la atención para aplicarla a la empresa. Por supuesto, tenéis la libertad de aplicarla cada uno a donde crea conveniente. Pero ójala los jefes, líderes, gerentes, directores de recursos humanos fueran capaces de tenerla como un mantra diario en sus mentes. Tal vez otro  gallo nos cantaría... Bueno, vamos allá: 

La felicidad es la armoniosa satisfacción de nuestros tres grandes deseos: el placer, la vinculación afectiva y la necesidad de ampliar nuestras posibilidades. 

En efecto, el placer supone pasárselo bien. ¿Quién no quiere esto? ¿Qué pasaría si disfrutaras en el trabajo? En el segundo punto, la vinculación afectiva, me basta con lo que él dice. Si en lugar de promover las disputas y el enfrentamiento ( a algunos les va bien con esto), se trabajara en la mejora de la relaciones interpersonales ( a algunos nos va mejor), ¿Cómo trabajarías? Finalmente, si fuéramos capaces de ampliar nuestras posibilidades ( es decir, nos dejaran desarrollar nuestra creatividad, nuestras aportaciones, entonces el trabajo sería la,..., bomba. Por supuesto, nuestro grado de felicidad aumentaría considerablemente y, seguro, nuestro rendimiento. 
¿Qué le supondría a la empresa animar a conseguir esa "armoniosa satisfacción? Algunas ya lo intentan.