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El cerebro

“Me he comprado un coche que tiene un motor de 200 CV, llantas de aleación, servoasistido, frenos de inyección, con autonomía de x horas, acelera de 0 a 100 en x segundos, un maquinón, etc,etc,etc.” Nos hemos aprendido perfectamente cómo funciona y sabemos qué hacer con el y qué no hacer, cuáles son sus particularidades y sus límites.

Sin embargo desconocemos hasta límites insospechados cómo funciona nuestro cerebro, no sabemos que prestaciones tiene nuestra arma más potente. Somos muy ignorantes en esto. Sin embargo, cada día más, tenemos la posibilidad de corregirlo. Para ello la neurociencia se está encargando de mostrarnos su estructura y su funcionamiento. Además está haciendo un esfuerzo para acercarnos sus descubrimientos. Nos están enseñando las utilidades del mismo, y sus aplicaciones de manera sencilla y clara. 

El conocimiento del cerebro, de su estructura, de su rendimiento, de su manera de funcionamiento, nos va a ayudar a saber el para qué hacemos muchas de las cosas que ahora ignoramos, nos permitirá comprender cómo funciona nuestra lógica y nos facilitará la comunicación con nosotros mismos y con los demás. En resumen, el conocimiento interno del cerebro nos puede llevar a ser coherentes, a rendir más, a conocer nuestro potencial verdadero.

Por supuesto esto no es lo único pero no tiene mucho sentido intentar mejorar nuestras actitudes y aptitudes personales sin tener en cuenta al centro neurálgico de todo esto, sin dar importancia al cerebro. Sepamos lo que hace, como lo hace, para qué está capacitado, y luego le enseñaremos nosotros cómo puede mejorar. 


O dejo aquí un buen video sobre nuestro cerebro, su funcionamiento y sus prestaciones. Así en la siguiente conversación que tengáis sobre “un maquinón” podremos ensalzar la potencia de uno de nuestros bienes más preciados: el cerebro.   Dará para un buen debate. 

EL CEREBRO - TODO SOBRE EL CEREBRO : DOCUMENTAL COMPLETO  


Lujuria

Me da para pensar mucho el conocer que en multitud de ocasiones tomamos decisiones o realizamos acciones que justificamos a posteriori sin darnos cuenta de que eso es lo que hemos hecho. Es más, si nos lo preguntaran, seguramente diríamos que el proceso ha sido al revés: primero pensamos y luego actuamos

Una de las situaciones en la que más ocurre esto es en aquellas que afectan a la lujuria. Esta emoción, es decir, la reacción psico-física inmediata a ese estímulo externo, nos afecta al cuerpo y a la mente de manera inmediata. El proceso químico que provoca nos afecta y nos altera. ¿Cómo actúa sobre nosotros, cómo nos influye, qué tipo de respuesta damos cuando estamos influenciados por la lujuria? ¿Cómo la hacemos consciente? ¿Cómo justificamos luego nuestra actuación?

El poder de la lujuria es enorme. Cambia carácter, altera respuestas, provoca. ¿Qué sentido tiene para nosotros? ¿La lujuria es buena o mala? ¿Nos puede servir para controlar determinadas situaciones o inducir a ellas? Por supuesto la lujuria es decisiva en las relaciones con los demás. No olvidemos que la lujuria es el “leit motiv” de muchísima gente.

Conocer todo el proceso que nos provoca un “ataque” de lujuria nos puede ayudar a ser conscientes de nuestros actos y a saber ajustarlos a nuestros valores. Saber cómo provocar la lujuria también tiene su puntito.

Para empezar a conocerla os invito a que veáis este interesante video sobre la lujuria. Seguro que nos da para más de una conversación.

Pd.- Os adjunto la definición de lujuria en el RAE, ¿qué os parece?

1. f. Vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales.

Coaching y dinero

Ya sabéis de mi pasión por el coaching. Así que hoy, toca.

Hay gente que se ha preparado para acompañar a otros a conseguir sus objetivos. Ni dirigir, ni asesorar, ni ayudar, ni aconsejar, ni curar. Simplemente para acompañar. Este es el proceso del coaching, esa es la función de un coach: acompañamiento.

Con cierto tiempo y explicaciones, el cliente puede llegar a comprender esto. Introduzco la palabra cliente porque este acompañamiento, el coaching,  es una relación comercial entre dos personas. El cliente le paga al coach por su acompañamiento. Aquí viene la dificultad. Nadie quiere pagar. La valoración de este servicio es muy compleja, difícil de asimilar y asumir por parte del cliente.

Pero la tozuda realidad demuestra que los beneficios que puede obtener la persona que necesita ese acompañamiento son enormes. De hecho cuando he preguntado cual es el verdadero valor de conseguir esos objetivos que han alcanzado, no hay respuesta. No la hay porque reconocer esa cantidad significaría estar en deuda con el coach. Pero la respuesta no verbal, la física, la que se ve muchas veces a través de una sonrisa cómplice o de ese abrazo o de un buen apretón de manos, indica a las claras que ha salido más que barato.  

Mi experiencia así lo confirma. 

Porque ¿cuánto hubiera pagado alguien que está a punto de perder su buen puesto de trabajo por los continuos enfrentamientos con su jefe y que consigue evitarlo y hacer que su jefe vuelva a confiar de nuevo en él?

¿O por volver a poner un negocio de restauración en números positivos tras estar a punto de cerrar por las deudas?

¿O tal vez ese otro que iba a invertir una cantidad importante de dinero, teniendo que pedir prestado, para un negocio que al final vio que no debía hacer y se retiró a tiempo?

¿O aquella madre trabajadora, tan  agobiada por el cuidado de sus hijos pequeños y sin tiempo ni para respirar y que encontró huecos para poder realizar sus propias actividades?

¿O el que estaba en un proceso de separación dura, difícil, y que lo llevó a buen puerto gracias a adquirir los hábitos de la paciencia, tolerancia y empatía?

¿O quien consiguió poner su equipo de ventas en incrementos del 50% en época de crisis?

Estas situaciones y muchas otras se dan en estos acompañamientos en los que el potencial del cliente, que no del coach, se pone en marcha.


¿Qué valor económico se le puede atribuir a este proceso? 

Pd.- Os adjunto la explicación de Platón sobre cómo Sócrates entendía este acompañamiento. Me encanta. Ya lo tengo puesto en el lateral del  blog pero lo dejo aquí por si algún dia anuncio otra cosa en ese espacio. Así queda constancia.  

EL ARTE SOCRÁTICO DE PREGUNTAR:

El oficio de partear tal como yo lo desempeño, se parece en todo lo demás al de las matronas, pero difiere en que yo lo ejerzo sobre los hombres y no sobre la mujeres, y en que asisten al alumbramiento, no los cuerpos, sino las almas. La gran ventaja es que me pone en estado de discernir con seguridad, si lo que el alma de un joven siente es un fantasma, una quimera o un fruto real. Por otra parte, yo tengo de común con las parteras que soy estéril en punto a sabiduría, y en cuanto a lo que muchos me han echado en cara diciendo que interrogo a los demás y que no respondo a ninguna de las cuestiones que se me proponen, porque yo nada sé, este cargo no carece de fundamento. Pero he aquí por qué obro de esta manera. El Dios me impone el deber de ayudar a los demás a parir, y al mismo tiempo no permite que yo mismo produzca nada. Ésta es la causa de que no esté versado en la sabiduría y de que no pueda alabarme en ningún descubrimiento que sea una producción de mi alma. En compensación, los que conversan conmigo, si bien algunos de ellos se muestran muy ignorantes al principio, hacen maravillosos progresos a medida que me tratan, y todos se sorprenden de este resultado, y es porque el Dios quiere fecundarlos. Y se ve claramente que ellos nada han aprendido de mí, y que han encontrado en sí mismos los numerosos y bellos conocimientos que han adquirido, no habiendo hecho yo otra cosa que contribuir con el Dios a hacerles concebir·
Platón, Teeteto(Platón, Diálogos. Editorial Porrúa, p. 301)

Mejora personal

Es bastante posible que en algún momento haya empezado otro post de la misma manera que lo hago hoy. Pero es que si no lo comento otra vez me muero. 

Internet sigue siendo para mí una caja de sorpresas. Hay tantas cosas allí dentro, tan cercanas, tan útiles y tan generosas, que vale la pena el tiempo dedicado al buceo en este océano de conocimiento.

Mi formación en ingenieria hace que me gusten las cosas eminentemente prácticas -no descarto la teoría, tan necesaria, por supuesto – así que estoy en la búsqueda permanente de aplicaciones. Gracias a internet voy consiguiendo herramientas de mejora personal que nos sirvan, que marquen un hito iniciático, que nos provoquen la puesta en marcha. Luego experimento con ellas y si las veo útiles, me atrevo a ponerlas delante de vosotros. Las llamo herramientas porque nos ayudan a marcar un punto de partida y desde allí nos llevan al cambio, a la duda, a la pregunta,  a la búsqueda y por tanto a la acción.

En esta ocasión os presento una que se llama “Ecología de la vida”. Como la define el propio autor: “La Ecología de Vida es una herramienta sencilla y poderosa que sirve para que seas más consciente del grado de congruencia-incongruencia de tus aspectos personales, relacionales, profesionales y sociales más significativos

Es importante destacar la palabra “consciente”. Es decir te ayuda a saber exactamente dónde estás para, partiendo de este punto, poder iniciar una ruta de mejora. Y qué mejor que su propio autor Vicens Olivé nos cuente para qué sirve.

(Habréis visto que este video es una parte de una entrevista. Si tenéis tiempo  y ganas, “chutaros” las otras cinco partes. Hablan sobre coaching. Me encanta la sensatez que emana Vicens Olivé. Un ejemplo a seguir.)

Bueno, aquí os dejo el enlace La ecología de la vida. Seguro que lo vais a disfrutar. Ya tenéis una buena excusa para pasar una buena tarde o dos…con vosotros mismos.

Pd.- Por si tenéis tiempo, os dejo aquí otras herramientas que están diseminadas por este blog.




Control mental

 No solo vivimos de teoría. Así que de vez en cuando me gusta presentaros aquí cosas prácticas. Este fin de semana, por culpa de un buen amigo, he estado sumergido en asuntos de meditación y trascendencia. Me he chutado algún buen video sobre esto, que ya os iré pasando. Como el aprendizaje en estos asuntos, por lo menos para mí, es en espiral ascendente, vuelvo a recordar y ver desde otra posición cosas por las que ya pasé. Y que por cierto, me alegran recordar, revivir y utilizar de nuevo.

Hace años mi primer contacto con la meditación fue a través de un libro ameno, útil, sencillo y práctico. Vamos, un best seller americano, con todo lo que ello implica. Gracias a su lectura empecé a meditar. O mejor dicho, aprendí y empecé a proyectar las cosas que quería que me ocurrieran. Fue un juego. Pero funcionó. Tendría multitud de anécdotas y situaciones que contaros, pero eso lo haré cuando sea mayor. Funcionó tanto que le tomé algo de miedo. Tal vez no estaba preparado. No obstante, siempre lo he tenido presente.

Es un libro que salió a la luz en los años 60 y ahora que lo he vuelto a releer, veo que habla de meditación, trascendencia, inteligencia emocional, intención  o filosofía positiva. Tal vez por su culpa, por culpa de Silva su autor, hoy estoy en este blog, escribiendo y animando a la gente a que ponga en marcha su futuro ya. Yo desde luego lo intento cada día.   

Así que esta vez os invito a que os sentéis tranquilamente, le deis una oportunidad al libro, lo  leáis y  lo pongáis en práctica. Dentro de unos meses me contáis cómo os ha ido. Tal vez este sea un momento de cambio, como me ocurrió a mí.

Yo me vuelvo a arremangar, vuelvo a abrirlo y a ponerlo en práctica. A ver qué sorpresas me depara de nuevo. Eso sí, esta vez con más seguridad, menos miedo y más confianza en que me va a ser de gran utilidad.

Os dejo el enlace, pinchad aquí:    


Ah, y no os olvidéis








De la ignorancia a la maestría

No puedo negarlo. Me encanta esto. ¿Cómo es posible que puedas bailar de esa manera tan natural?

Él me lo explicó. “Siempre me ha gustado bailar, a mi ritmo, a mi bola, hasta que un dia, vi un grupo de baile en la calle, me animé, y me puse a intentar imitarlos. ¡Madre mía, que vergüenza pasé!.  ¡Y yo que pensaba que bailaba bien! Acabé yo sólo haciendo movimientos rídículos y quienes me veían, muertos de risa. Yo era un incompetente para aquel baile, ¡y no lo sabía! Así que además de incompetente, era un insconsciente. Desconocía lo que no sabía.

Pregunté a los bailarines. Me explicaron cómo podía mejorar mi baile. Pasos, ritmos, clases, esfuerzo, etc.  Renové mi seguridad en que en ese momento era un incompetente. Volví a percatarme de que había sido un inconsciente intentando bailar allí, con ellos. Pero ahora era consciente de lo que tenía que hacer.

Así que decidí aprender, ir a clases. Me costó mucho esfuerzo. Eso sí, disfruté mucho teniendo que contar cada paso, imitando mucho, tomando buena nota de lo que me indicaban los profesores. Cada nuevo movimiento, desencajaba mi cuerpo. Tenía que pensar cada vez. Con el tiempo, bastante por cierto, empecé a bailar con alguna técnica. Empecé a ser competente en el baile.  Me daba cuenta de mi mejora. Pensaba mucho en ello, entrenaba mucho. Era consciente en cada paso de lo que tenía que hacer.

Hasta que un dia, en el momento más inesperado, todo fluyó. La música me embriagó. Bailaba bien. Era competente bailando. Pero ya no pensaba en lo que estaba haciendo. Tan sólo, lo hacía y además disfrutaba. Y todo de manera inconsciente. Sin contar, sin medir, sin controlar ni gestionar cada paso. Ahora bailo bien y de manera inconsciente. Y me gusta.  Dejo que todo fluya. El ambiente, la gente, la música. Creo que así aprendí a bailar”

Así aprendí la lección de los cuatro pasos que debemos tener siempre presentes cuando queramos aprender algo. Las cuatro etapas del aprendizaje son (y en este orden, please):

  



Eso sí, dejo para otro post la explicación de lo que hizo mi amigo para aprender más rápido, mejor, y sin tanto esfuerzo.  

Usa las obligaciones

¡Que buenas son esas sentadas en la terraza de un bar con alguna cervecita – o bebidas refrescantes para los integristas – con personas reales e inteligentes! Esas conversaciones que se realizan sin prisas y sin límites mentales. Son la fuente natural de estos post. Aunque algunas veces me es difícil trasladarlas al papel porque no sé exactamente cómo reflejarlas. Son importantes para mí, me hacen reflexionar. En esta ocasión, alguien me hizo poner en duda las teorías que demonizan las obligaciones. Así que en esta ocasión traslado casi literalmente lo que comentó una persona muy inteligente, porque tal vez así consiga transmitir lo que aprendí.

“ Soy una persona con altos y bajos. Mi carácter no es lineal e incluso tiendo más a irme hacia abajo que hacia arriba. Así que uso mis actividades normales para obligarme a ir hacia arriba. Por ejemplo, no puedo dar clases con un estado bajo. Mis alumnos no me lo perdonarían. Por tanto, como no me queda más remedio que dar clases porque tengo que comer, aprovecho esto para ponerme en la línea ascendente. Tengo la obligación de hacerlo, sí o sí,  y además me viene bien. Pero además, participo en un grupo musical. Iniciamos la actividad con una idea de fuerza. Estamos preparando un disco. No puedo dejar que el ánimo se me venga abajo porque entonces perdería el espíritu que queremos transmitir. El acudir a los ensayos me obliga a ponerme en modo alto. Lo mismo ocurre con otro tipo de actividades que realizo.

Y sé que esto me sienta bien. Supone un esfuerzo, pero cuando acabo la actividad, las clases los ensayos, lo que sea, estoy arriba. Ahí consigo mantenerme. Como estoy bien, sé que al dia siguiente tengo que volver a hacer esas actividades aunque no tenga espíritu para ello. “


Por supuesto, tomo nota de esta enseñanza. La inteligencia está en buscar esas actividades que te animan, que te llevan arriba. Ya no tanto porque te gustan sino por la fuerza que te llevan a desarrollar. Tal vez un buen planteamiento de las cosas que hacemos nos ayude a mejorar nuestro estado físico y mental. Voy a darles prioridad. Hay obligaciones y “tengo que “ que no son tan malas.