
Pero bueno, vamos al grano.
Imaginad una persona cuyas únicas posesiones sean un tonel, un manto, un zurrón
y una escudilla. Nada más. ¡Pone los pelos de punta! Y que además, cuando este
personaje ve a un niño beber con las manos, decide que aún le sobra la
escudilla. Está claro que la primera exclamación
es: ¡Está loco! Y de inmediato le
propondremos para que le admitan en el psiquiátrico.
¿Y qué diríamos si a este loco
acuden a pedirle consejo los más célebres hombres de su tiempo, le temen muchos
de sus contemporáneos y le siguen gran número de fans? Pues que algo tenía que tener (de haber
vivido en tiempo del twitter hubiera sido trending topic mil veces, seguro).
Estamos hablando del griego Diógenes ( 412-323 AC) que perteneció a la escuela
cínica (ojo no confundir esta escuela con la definición de cinismo que se da
hoy en día). Desde Alejandro Magno a
Platón, le escucharon, temieron o reverenciaron.
La principal virtud de Diógenes
fue predicar con su ejemplo sobre la supresión de las necesidades para alcanzar
la virtud. No quiso tener nada porque así era libre para decir lo que quisiera
y obrar como le daba la gana. Sin ataduras de ningún tipo. Vale la pena leer un poco sobre él.
Y sí, es verdad, las cosas nos
atan. ¿Qué pasa si dejas algunas cosas materiales a un lado? ¿Qué ventajas te
ofrece viajar más ligero de equipaje?
Pd.- Gracias Jose Alberto por tu
genial libro. ¡Deberíamos tenerlo como manual de uso diario!